Lo más sorprendente del
informe es que la contaminación del aire a menudo se origina en el hogar de
las
víctimas. Más de la mitad de esas muertes se deben a la contaminación que
provoca el cocinar con carbón, madera o biomasa en las casas.
Kirk Smith, catedrático de
la Universidad de California (Estados Unidos), lleva desde los años 70
estudiando los efectos de cocinar con estos elementos y afirma que «encender un
fuego así en la cocina es como quemar 400 cigarrillos por hora».
Carlos Dora, de la OMS,
prefiere utilizar términos más científicos: «Un hogar con una estufa de carbón
sucia puede alcanzar los 2000 o 3000 microgramos por metro cúbico de partículas»,
señala. Es decir, entre 200 y 300 veces más de la media diaria de la OMS para
las concentraciones máximas de partículas contaminadas.
Respirar esas partículas
microscópicas puede producir cáncer de pulmón, que es responsable solamente del
6% de las siete millones de muertes por contaminación del aire. La mayoría de
estas muertes, el 69%, se debe a infartos de miocardio e ictus.
La Organización Mundial de
la Salud cuenta ahora con mejores medios y técnicas para medir este tipo de
contaminación fuera de zonas urbanas.
«Cada vez hay más estudios
que demuestran la relación entre la contaminación del aire y los infartos»,
afirma Dora. «Además, ahora tenemos mejores modelos para observar cómo viaja la
contaminación y contamos con estaciones de control en áreas rurales»
Casi tres millones de
personas en el mundo utilizan combustibles sólidos contaminantes para cocinar.
Las mujeres y los niños, que suelen desarrollar su actividad en el hogar y la
cocina, están más expuestos a la contaminación. Sin embargo, la tasa de muertes
atribuidas a esta causa es mayor en los hombres (49%) que en las mujeres (42%).
Los hombres, en general, tienen más factores de riesgo (como el tabaco o las
dietas altas en grasa) que las mujeres.
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El informe del organismo de
las Naciones Unidas mide el impacto global de la contaminación del aire por
regiones, no por países. En el Pacífico Occidental, Sudeste Asiático y África
se han registrado casi seis millones de muertes prematuras. Sin embargo, son
menos de 400.000 en países y regiones de Europa y América, donde las leyes han
hecho disminuir la contaminación del aire, el tabaco en espacios cerrados está
prácticamente prohibido y apenas se cocina con carbón o excremento animal.
La niebla tóxica que flota
por encima de las ciudades es la forma de contaminación del aire más común y
evidente. No obstante, existen diferentes tipos de contaminación, visibles e
invisibles, que contribuyen al calentamiento global. Por lo general, se
considera contaminación del aire a cualquier sustancia, introducida en la atmósfera
por las personas, que tenga un efecto perjudicial sobre los seres vivos y el
medio ambiente.
El dióxido de carbono, un
gas de efecto invernadero, es el contaminante que está causando en mayor medida
el calentamiento de la Tierra. Si bien todos los seres vivos emiten dióxido de
carbono al respirar, éste se considera por lo general contaminante cuando se
asocia con coches, aviones, centrales eléctricas y otras actividades humanas
que requieren el uso de combustibles fósiles como la gasolina y el gas natural.
Durante los últimos 150 años, estas actividades han enviado a la atmósfera una
cantidad de dióxido de carbono suficiente para aumentar los niveles de éste por
encima de donde habían estado durante cientos de miles de años.
Existen otros gases de
efecto invernadero, como el metano (que proviene de fuentes como ciénagas y
gases emitidos por el Ganado) y los clorofluorocarbonos (CFCs), que se
utilizaban para refrigerantes y propelentes de los aerosoles hasta que se
prohibieron por su efecto perjudicial sobre la capa de ozono de la Tierra.
Otros contaminantes
relacionados con el cambio climático son el dióxido de azufre, uno de los
componentes de la niebla tóxica. Una de las características principales del dióxido
de azufre y de otros productos químicos íntimamente relacionados es que son los
causantes de la lluvia ácida. Sin embargo, también reflejan la luz cuando son
liberados en la atmósfera, lo que mantiene la luz solar fuera y hace que la
Tierra se enfríe. Las erupciones volcánicas pueden arrojar cantidades enormes
de dióxido de azufre a la atmósfera, lo que en ocasiones provoca un
enfriamiento que dura varios años. De hecho, antes los volcanes eran la fuente
principal de dióxido de azufre; hoy en día, han sido sustituidos por los seres
humanos.
Los países industrializados
han tomado medidas para reducir los niveles de dióxido de azufre, niebla tóxica
y humo para mejorar la salud de sus habitantes. Sin embargo, uno de los resultados,
no previsto hasta hace poco, es que unos niveles de dióxido de azufre más bajos
podrían, de hecho, empeorar el calentamiento global. Del mismo modo que el dióxido
de azufre de los volcanes puede enfriar el planeta al bloquear el paso de la
luz del sol, la reducción de la cantidad de este compuesto presente en la atmósfera
hace que pase más luz solar, lo que calienta la Tierra. Este efecto se
magnifica cuando cantidades altas en la atmósfera de otros gases invernadero
hacen que se retenga el calor adicional.
La mayor parte de la gente
está de acuerdo en que, para luchar contra el calentamiento global, se deben
tomar una serie de medidas. A nivel individual, un menor uso de coches y
aviones, el reciclaje y la protección del medio ambiente son medidas que reducen la huella de carbono de una persona,
es decir, la cantidad de dióxido de carbono liberada a la atmósfera debido a
las acciones de cada individuo.
En un nivel más amplio, los
gobiernos están tomando medidas para limitar las emisiones de dióxido de
carbono y de otros gases de efecto invernadero. Una de ellas es el Protocolo de
Kioto, un acuerdo entre países para reducir las emisiones de dióxido de
carbono. Otro método es el de gravar las emisiones de carbono o aumentar los
impuestos de la gasolina, para que tanto la gente como las empresas tengan más
motivos para conservar la energía y contaminar menos


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